Una mirada al estrés infantil.

Imagina la experiencia de ser perseguido por un dinosaurio, sintiendo la urgencia de escapar para protegerte. De manera similar, así es como se manifiesta el estrés, con el dinosaurio representando amenazas imaginarias o simbólicas que activa el instinto de supervivencia. Veamos cómo funciona en nuestros pequeños.

Para ellos, el «dinosaurio» puede adoptar diversas formas, desde dificultades en las relaciones interpersonales, enfrentar retos académicos, hasta la sensación de no ser suficiente para sus padres o superar niveles en un videojuego. Las experiencias emocionales desafiantes que enfrentan varían ampliamente según su percepción.

Así como la respuesta al estrés en esta metáfora implica escapar del “dinosaurio”, los niños y adolescentes manifiestan diferentes respuestas. A nivel emocional, se podría observar aumentos notables de tristeza, enojo y miedo. En lo conductual pueden expresar frustración, irritabilidad, retraimiento, agresividad, dificultades para dormir, alteraciones en el apetito y problemas de concentración, entre otros.

Es importante tener en cuenta que las reacciones varían según las experiencias y enseñanzas adquiridas. No todos optarán por huir del «dinosaurio»; algunos podrían esconderse o buscar otras soluciones. Dado que cada niño y adolescente es único, su respuesta ante situaciones estresantes es individual.

La presencia de un adulto comprensivo y de apoyo es crucial para guiar al niño o adolescente en el manejo del estrés. Si el adulto observa que las respuestas del pequeño van más allá de sus capacidades para abordarlas, buscar la asesoría de un profesional psicólogo se vuelve esencial.

Lic. Laida MenachoPsicóloga

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